El coche sarcástico

El coche sarcástico es una trepidante aventura de un hombre que no existe en un mundo lleno de listillos.

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Entra dentro de la lógica de nuestro sistema económico que las compañías intenten favorecer a sus propios productos frente a los de los competidores. El mal llamado libre mercado permite, con ciertos límites legales, que el vendedor haga lo que quiera con su producto. Todos hemos tenido en casa alguna impresora de inyección de tinta cuyos cartuchos costaban más que la propia máquina, como si en su interior hubiese sangre de unicornio virgen derramada una noche de Luna llena, en vez de unos pocos mililitros de tinta de colores. Hace ya muchos años, los usuarios de micros AMD, descubrieron la forma de hacer que sus procesadores funcionasen a mayor velocidad de la especificada: en realidad, las versiones más baratas eran idénticas a las superiores, pero estaban limitadas para tener varios productos de varios precios.\r\n\r\nEstas prácticas pueden parecernos más o menos elegantes, y plantean dilemas éticos. Tanto las impresoras de usar y tirar como el procesador que hay que cambiar antes de tiempo por otro más veloz generan residuos y aumentan la producción innecesariamente, con el consiguiente deterioro del planeta. Los productos hechos para durar muchos años son más respetuosos con el medio ambiente. Reparar las cosas que se estropean si es posible es tan importante como reciclar.\r\n\r\nSin embargo, hasta las grandes empresas tienen algunos límites. Pocos y no siempre respetados, pero los tienen. Uno de esos límites es el de no perjudicar a la competencia aprovechando una situación de monopolio. Microsoft conoce muy bien esa regla: en 1997 evitó que Borland les llevase a juicio por competencia desleal mediante un acuerdo entre ambas partes cuyo contenido se desconoce, pero que es seguro que costó a la compañía fundada por Bill Gates y Paul Allen una millonada. Borland acusaba a Microsoft de utilizar en sus compiladores (el software utilizado para convertir el código de programación en aplicaciones) funciones secretas del sistema operativo que le daban ventaja respecto a los compiladores desarrollados por Borland.\r\n\r\nMás adelante, Microsoft volvería a sufrir algunos reveses. En 2010 tuvo que publicar BrowserChoice, una página en la que ofrece al usuario de sus sistemas operativos la posibilidad de instalar un navegador diferente de Internet Explorer. Para la Comisión Europea, Microsoft utilizaba su posición dominante en el mercado de los sistemas operativos para imponer su navegador web, preinstalado en estos. Mucho antes de esto, en 2000, un juez falló en contra de la posición de monopolio de Microsoft y les sentenció a dividir la compañía en dos partes: una dedicada al sistema operativo Windows y otra para todo lo demás. La sentencia nunca llegó a materializarse y la situación de monopolio que la motivo parece superada a día de hoy.\r\n\r\nHay que preguntarse qué pensarán los que vivieron en Microsoft aquellos tiempos difíciles cuando ven cómo Google acapara el mercado de los datos personales. Eugeny Morozov explica en su libro “La locura del solucionismo tecnológico” que la gran ventaja de la compañía no es que sus algoritmos sean mucho mejores que los de sus rivales, sino que procesan una cantidad de datos mucho mayor que los demás, lo que les permite afinar mejor sus resultados. Bienvenidos a la era del big data.\r\n\r\nY, sobre todo, hay que preguntarse por qué una empresa como Facebook, que ostenta el monopolio de un determinado tipo de red social tras sacar del mercado a Hi5, Friendster o MySpace, puede perjudicar a sus competidores a plena luz del día sin que nadie les lleve a los tribunales. La compañía de Zuckerberg posee la aplicación de mensajería móvil Whatsapp, así como la red social de fotos Instagram. Ambos productos han bloqueado los enlaces a Telegram, uno de los principales rivales de Whatsapp en el mercado de la mensajería instantánea, que en Tek’n’Life nos gusta especialmente.\r\n\r\nSi hace 15 años Microsoft estuvo a punto de ser partido en dos para garantizar el juego limpio con sus competidores fue por causas mucho menos visibles. El veto de Facebook a las aplicaciones y servicios que pueden hacer sombra a las de su propiedad es público, hecho a la luz del día y alguien debería hacerse mirar por qué el listón ha bajado tanto en los últimos años. Pero lo que más sorprende es que Facebook, líder indiscutible del mercado de las redes sociales y empresa que, pese a haber frenado en su crecimiento, es una máquina de ganar dinero, muestre tan a las claras que tiene que proteger una inversión de 16.000 millones de dólares porque, pese a ser líder en su sector, tiene competidores dispuestos a disputarle ese liderazgo.\r\n\r\nEstá por ver si limitar la interacción de tus propios usuarios para que no se vayan a la competencia tiene el efecto deseado o, por el contrario, los usuarios preferirán utilizar herramientas que no vayan a ser limitadas por el fabricante para satisfacer sus intereses particulares, y no los de los usuarios. Y es que el mercado, cuando era un poco menos libre y los jueces miraban con lupa a esos informáticos excéntricos, era más eficiente y mejor para el consumidor. La mano bien visible del regulador evita que los Zuckerberg del mundo intenten decirnos qué aplicaciones nos conviene utilizar y cuáles no.