El cuaderno ludita

Los monstruos de la Edad Media no son nada comparado con el sobrecogimiento y pavor que produce a veces la tecnología.

Seguro que a la gata le gustaría salir a pasear

A Roberto le daba pena dejar a la gata en casa cuando salía la perra. Estaba convencido de que la gata deseaba ir a la calle, y quiso darle la posibilidad de hacerlo.\r\n\r\nEn un primer intento le dejó la puerta del piso abierta. Como no veía que la gata hiciera por salir, e interpretándolo como un gesto de timidez, la cogió y la puso en el rellano de los ascensores. Vivíamos en un quinto.\r\n\r\nAl verse fuera de la casa la gata sufrió un ataque de pánico y echó a correr escaleras abajo. Roberto la encontró, acurrucada y maullando en el fondo del cuarto de contadores.\r\n\r\nEste pequeño percance no hizo desistir a Roberto, que seguía creyendo que la gata deseaba ir a la calle. En ese momento no me lo dijo, pero había estado viendo fotos en Reddit de gente que paseaba a su gato con arnés y correa. Internet a veces puede ser nocivo.\r\n\r\nRoberto le compró un arnés a la gata. Roberto consiguió ponerle el arnés a la gata. Roberto le enganchó la correa al arnés. Roberto dio un suave tirón de la correa y ahí se acabó la cosa. Al notar el tirón la gata entró en modo pánico acrobático. Empezó a saltar y cabriolear de miedo en el aire, arañando a Roberto, que intentaba en vano sujetarla. Cuando más se encabritaba la gata, más tirones le daba la correa, que seguía enganchada al arnés, y más se asustaba. El duelo terminó cuando la gata logró zafarse de la correa y logramos acercarnos para quitarle el arnés. Roberto hizo recuento de los arañazos sufridos y volvimos a dejar el arnés en un cajón, donde habitualmente dejábamos las correas, collares, arneses y sujeciones varias de la perra. Un cajón situado a suficiente altura del suelo como para que la perra no alcanzase, ya que le encantaba comerse los cierres de plástico de los arneses (si “alguien” se los acercaba lo suficiente, claro).\r\n\r\nPara recuperarnos del susto y que la gata se tranquilizara, salimos a dar una vuelta. Antes de salir por la puerta tuve una repentina intuición. No me equivocaba.\r\n\r\nAl regresar, el arnés de la gata no existía. Pipa se lo había comido. ¿Por qué? Pues porque de entre todas las correas, collares, arneses y sujeciones varias que guardábamos en un cajón, situado a suficiente altura del suelo como para que la perra no alcanzase, la gata había dejado caer SU arnés… y la perra hizo el resto. Misión cumplida. Arnés destruido.\r\n\r\nPero eso todavía no era motivo suficiente para convencer a Roberto de que no era buena idea sacar a la gata a la calle. Las contadas salidas al veterinario en el transportín, le dieron una idea que estuvo madurando en silencio.\r\n\r\nÍbamos a pasar un fin de semana fuera y nos llevábamos a Pipa. Gata se quedaría sola un par de días, como en otras ocasiones. O eso creía yo.\r\n\r\nA la hora de salir, Roberto dijo que nos llevábamos a la gata. Traté de hacerle desistir, pero no fue posible.\r\n\r\nMetimos a Pipa en el asiento de atrás con su arnés para coche y a la gata en el transportín, sujeto con el cinturón de seguridad y echamos a andar.\r\n\r\nDesde el momento en que la gata se vio fuera de casa, empezó a ponerse nerviosa, y a maullar con desesperación, pero cuando el coche arrancó, la cosa se puso fea de verdad. Conforme avanzábamos por la carretera la gata se iba poniendo más y más histérica. Al principio arañando la rejilla del transportín pero, luego, con un maullido cada vez más lánguido y desmayado, débil hasta convertirse en un hipido. Poco después supimos qué significaba eso de “el olor del miedo”. Del terror se había cagado y meado encima… pero eso, todavía, no convencía a Roberto de que a la gata no le agradaba el paseo.\r\n\r\nSólo cuando la gata dejó de maullar y empezó a boquear, con los ojos en blanco, consintió en dar la vuelta y regresar a casa.\r\n\r\nYa en casa, al sacar a la gata del transportín, embadurnada de caca y pis, y todavía en estado de shock, tardó aún quince minutos en poder andar. Era como un muñeco de trapo, incapaz de sostener su propio cuerpo, y creo que, por primera vez, se alegró de perdernos de vista por un tiempo.\r\n\r\nSorprendentemente, Roberto siguió ideando formas de hacer que la gata salga, gustosa, de casa. Debería caparle el acceso a Reddit.

Fátima Gordillo
Soy una persona normal que usa la tecnología, escribe de tecnología, habla de tecnología y que a veces se recrea en el secreto sueño de tirar el móvil por la ventana y cuidar un rebaño de cabras en algún monte sin cobertura.

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