El cuaderno ludita

Los monstruos de la Edad Media no son nada comparado con el sobrecogimiento y pavor que produce a veces la tecnología.

La gata ha muerto. Larga vida a… ¿los gatos?

Cuando alguien a quien quieres muere, de lo último de lo que tienes ganas es de pensar en encontrarle sustituto. Hay huecos que no se llenan nunca, pero de pronto, junto a la pena por su partida, nos encontramos con una realidad bastante dolorosa: Pipa se había quedado sola.\r\n\r\nDesde el momento en que Gata enfermó, mucho antes de que nosotros nos diésemos cuenta, la relación entre Pipa y Gata había sido mucho más estrecha y cómplice. Después de regresar la primera vez del veterinario, cuando hubo que operar a la Gata, Pipa apenas la perdía de vista, y cada vez que regresaba de la calle se quedaba junto a ella, como hacían cuando Pipa era más pequeña. El día que nos llevamos a Gata para no volver la mirada de Pipa era tan triste… ¡tan extraña! Y al regresar, con el cuerpo sin vida de su compi de travesuras envuelto en una mantita… Pipa la buscaba con la mirada y bajaba la cabeza triste.\r\n\r\nRoberto y yo nos preguntamos qué hacer. Desde luego en ese momento no queríamos volver a pasar por lo mismo, y la sola idea de buscar otro gato era como si ella no hubiera tenido ninguna importancia, ¡y vaya si la tuvo! Pero ahí estaba Pipa, montando guardia en la puerta y olisqueando los sitios en los que Gata solía dormir.\r\n\r\nHablamos. No podíamos dejar a Pipa así y decidimos que lo mejor sería buscar un gatito bebé que se hiciese a tener a Pipa por compañera de juegos y a quien Pipa pudiese adoptar rápidamente. Localicé una camada de gatitos que regalaban en un municipio de Madrid y avisamos de que nos quedábamos con uno. Dio la casualidad de que el pelaje era similar al de Gata, sólo que era un minino minúsculo de dos meses al que Roberto trajo dentro de un bolso de tela en la moto.\r\n\r\nAunque en un principio la gatita, a quien pusimos de nombre Eme (por la “M” de la frente), se asustó al ver a Pipa, en muy poco tiempo empezaron a aproximarse y a estar muy cerca la una de la otra. La actitud triste de Pipa fue cambiando poco a poco, y si bien seguía buscado a Gata, la recién llegada ocupaba el 99,9% de su atención. Todo iba bien. ¿Todo iba bien? Durante unos días eso fue lo que pensamos, pero para variar, nos equivocábamos de pé a pá.\r\n\r\nEme-Pipa\r\n\r\nLa gata había cambiado muchas cosas en nosotros. Roberto sentía que le debía a Gata sacar, como hicimos con ella, a otro animal de la calle. Así que contactó con la perrera municipal a través de la web y reservó para la adopción a una gata adulta llamada Flora, como el primer nombre que tuvo la gata antes de ser “Gatacabrona” para siempre. Era una señal… de que la íbamos a cagar.\r\n\r\nRoberto y yo nos fuimos para la perrera dispuestos a adoptar a Flora. Antes de entrar a la jaula donde estaba Flora, junto con otros 15 o 20 gatos, nos la señaló uno de los empleados de la perrera y nos dijeron: “Tienen que entrar ustedes a cogerla”. Así que echándole un par me metí dentro de la jaula y comencé la aproximación a aquella gata. Entrar fue sencillo, conseguir coger a Flora no lo fue tanto.\r\n\r\nSucedió algo que suele encantar a los físicos, y es que en un mismo espacio-tiempo tuvieron lugar dos circunstancias divergentes. Por un lado, la gata que habíamos ido a buscar huía de nosotros como de la peste, y no dejaba de hacernos saber que no quería que nos aproximáramos a ella. Bufaba y amenazaba con liberar los males del mundo a cada paso mío. Por el otro, un enorme y peludo gato negro, llamado Trece, había visto su oportunidad para escapar de aquel antro y se había propuesto no desperdiciarla. Nada más poner el pie en el recinto, aquel gato tremendo se puso de pie junto a mi y, sin saber cómo, en menos de 30 segundos había conseguido que lo cogiera en brazos y no lo soltara. Flora huía y enseñaba las garras, y aquella bola de pelo negro se había acomodado en mis brazos si admitir devoluciones. Roberto y yo nos miramos y dijimos: “Pues vale”. Dos horas más tarde Trece entraba en casa, y lo que parecía el comienzo de una bonita amistad se convirtió en un remake de “Enemigo mío”.\r\n\r\nTrece-2\r\n\r\nPero eso requiere un post aparte para contarlo.

Fátima Gordillo
Soy una persona normal que usa la tecnología, escribe de tecnología, habla de tecnología y que a veces se recrea en el secreto sueño de tirar el móvil por la ventana y cuidar un rebaño de cabras en algún monte sin cobertura.

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