El cuaderno ludita

Los monstruos de la Edad Media no son nada comparado con el sobrecogimiento y pavor que produce a veces la tecnología.

Donde caben dos caben tres… o cuatro, o cinco

Castrado, vacunado y resfriado. Cuando Trece llegó a casa venía con sus complementos de serie. Que a aquel gatazo de 7 kilos lo hubieran castrado en la perrera, y que fuese tan sobón con los humanos, nos hacía pensar que se había extraviado en alguna aventura amorosa. Debía ser un auténtico latin lover y se perdió persiguiendo faldas.\r\n\r\nPero el detalle importante aquí es que venía resfriado y Eme, todavía muy pequeña, estaba aún sin vacunar. En la perrera nos recomendaron dejar pasar un tiempo antes de juntar a ambos gatos, así que dividimos la casa en dos zonas francas y jugamos al juego de las puertas como en “Los otros”, para mantener a ambos gatos separados hasta que Eme tuviera defensas.\r\n\r\nDurante el tiempo que los gatos ignoraban su mutua presencia en la casa, Eme y Pipa empezaron a desarrollar cierto vínculo. Como con la difunta Gata, Eme se acercaba a Pipa para jugar, dormir y sentirse protegida. Sin embargo, cuando Pipa se acercaba a Trece… bueno, hay una escena en “El padrino” donde el don habla del respeto. Trece exigía respeto a su persona, y se lo hacía notar a Pipa.\r\n\r\nAparte de eso parecía que las cosas entre Eme y Pipa iban por buen camino. Iban.\r\n\r\nEl tiempo de cuarentena pasó. En casa estábamos expectantes para ver cómo reaccionaban Trece y Eme al conocerse. No negaré que nos preocupaba que el gatazo no se tomara a bien compartir territorio con un bebé. Cuando abrimos la puerta y Trece y Eme se vieron, tardaron menos de 30 segundos en aproximarse, olerse y ponerse a jugar. Ahí acabó la incipiente relación entre Pipa y Eme. Eme y Trece, Trece y Eme, formaron una pareja de gatos entregados al juego y las siestas. Pipa intentaba aproximarse a Eme, pero Eme sólo tenía ojos para Trece. Así que mientras los gatos jugaban e ignoraban a Pipa, Pipa se sentaba a mirar, suspirando aburrida ante las continuas diversiones de la parejilla.\r\n\r\nDe vez en cuando Trece gustaba de tumbarse a todo lo largo, cerca del umbral de alguna puerta. Si Pipa intentaba pasar por delante de Trece el gato le soltaba, desde su cómoda posición, un zarpazo en los hocicos o en el culo. A veces teníamos que ir a rescatar a Pipa, atrapada en algún dormitorio por la frontera extendida del cuerpo de Trece, que le decía sin hablar: “You Shall not pass”, y Pipa, resignada, no pasaba.\r\n\r\nAsí pasamos un año. Al invierno siguiente mi hermana se había instalado temporalmente en casa mientras solventaba algunas cuestiones personales. En ese momento no lo sospechábamos, pero aquello supondría un crecimiento importante e inesperado de nuestra familia animal.\r\n\r\nUn fin de semana que yo estaba de viaje recibí una llamada de Roberto, diciéndome que mi hermana había oído maullidos debajo de un coche al lado de casa. Me contaba que se agacharon y vieron a un minino bebé escondido, aterrorizado, hambriento y helado. Me dijo que, junto con una gente de una asociación de protección de gatos, habían intentado ayudarles a sacarlo para que se lo llevaran a un hogar. También que, finalmente, con ayuda de algunas latas de comida y un transportín, los de la asociación lo sacaron de debajo del coche y lo atraparon.\r\n\r\n-Pero se lo han llevado los de la asociación, ¿no?\r\n\r\n-No exactamente, lo tenemos nosotros aquí… de momento.\r\n\r\n-¿Hasta cuándo es de momento?\r\n\r\n-Bueno, hasta que le encuentren un sitio para quedarse, porque el sitio que tiene la asociación está lleno ahora.\r\n\r\n-(Suspiro) Vale, pero no le pongáis nombre porque se lo tendrán que llevar.\r\n\r\n-Estooooooo… se llama Mac.\r\n\r\n¿Sabéis ese momento en que os dais cuenta de que cuando te enteras de algo ya es muy tarde para remediarlo?\r\n\r\nMac había entrado en casa. Soltó todas sus pulgas en el despacho donde teníamos el Macintosh (por eso se le pusieron Mac al bicho), alejado del resto de gatos mientras se comprobaba si tenía leucemia o alguna otra cosa contagiosa y potencialmente peligrosa para los demás.\r\n\r\nCuando llegué dos días después, un gatito blanco y negro estaba cómodamente instalado en el cuarto DEL Mac confirmando que, efectivamente, aquel era ya el cuarto DE Mac. Luego pasó a instalarse en el resto de la casa.\r\n\r\nmac-2\r\n\r\nUnos cuantos paseos al veterinario después confirmamos que Mac no tenía ninguna enfermedad mortal ni contagiosa y pudo encontrarse con el resto de la fauna. Pasó lo esperable: congenió estupendamente con Eme y Trece e ignoró sistemáticamente a Pipa. Para desgracia de Pipa el único que no la ignoraba era Trece, que seguía dándole guantazos sin venir a cuento cada vez que tenía ocasión.\r\n\r\nTranscurrió un tiempo, poco, hasta que un nuevo elemento vino a alterar el status quo de la casa. Mi hermana volvía a Málaga, pero tenía que desmantelar su casa mientras solventaba unas cuestiones de trabajo, así que nos ofrecimos a hacernos cargo de su gata Loli mientras tanto. Total.\r\n\r\nLa única cuestión aquí es que Loli era un tanto “especial”.\r\n\r\nloli-1\r\n\r\nSeguimos todos los protocolos de entrada de un gato nuevo en casa… un tiempo de adaptación a la nueva casa sola, otro tiempo para que todos huelan su presencia sin llegar a verse, otro tiempo de verse sin tocarse (a través de un cristal) y, finalmente, un momento para encontrarse y ver qué pasa. ¿Y qué pasó?\r\n\r\nLoli era la gata más asocial del mundo, así que para resumir la situación, los gatos intentaron aproximarse para unirla cortésmente al grupo, pero Loli les hizo una peineta a todos. Cada vez que alguno se aproximaba a menos de tres metros de ella, Loli bufaba, enseñaba los dientes y sacaba las uñas. Si las distancias se acortaban entonces era muy probable que llegaran a las manos (a las zarpas más bien). Por eso se pasaba la vida buscando los lugares más elevados de la casa, lo más lejos posible de todos.\r\n\r\nloli-2\r\n\r\nEn lo que coincidía con los demás era, cómo no, en ignorar a Pipa, que se pasaba el día en el sofá resoplando viendo Telegato.

Fátima Gordillo
Soy una persona normal que usa la tecnología, escribe de tecnología, habla de tecnología y que a veces se recrea en el secreto sueño de tirar el móvil por la ventana y cuidar un rebaño de cabras en algún monte sin cobertura.

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