El cuaderno ludita

Los monstruos de la Edad Media no son nada comparado con el sobrecogimiento y pavor que produce a veces la tecnología.

Cómo pasé de no querer perro a tener perro y gato

Me vais a decir que con una vez basta para aprender. Pero en esta ocasión no fue así (tampoco).\r\n\r\nPasó el verano, las vacaciones, la jornada continua en el trabajo y un breve lapsus de desempleo de Roberto. Todo lo anterior nos permitió pasar bastante tiempo con el nuevo miembro de la familia, Pipa. Le enseñamos a hacer pipí y pupú en la calle, a aceptar que tocáramos su comida, a obedecer “No”, a responder al “Muy bien”, a sentarse y algunas cosas más básicas para la convivencia. Sin embargo, cuando llegó el horario de invierno y Roberto volvió a trabajar, Pipa pasaba mucho tiempo sola. Algunas veces, al llegar a casa, nos encontrábamos con que “alguien” se había entretenido en comerse los rodapiés de parqué, los varales de la mesa de madera y mis zapatillas.\r\n\r\nComo decía antes, una vez debería haberme bastado para aprender. Roberto empezó a dejar caer que Pipa necesitaba compañía, y que quizá le sentase bien tener un gato en casa. Cuando digo que “empezó a decir” no me refiero a que lo mencionó de pasada, sino que recibía (otra vez) correos suyos con fotos de gatitos, que hablaba de gatos hasta hartar, de lo bien que le vendría a Pipa otro animal en casa, que me enviaba estudios, artículos, reportajes y cualquier cosa que se os ocurra donde se loaran los beneficios de la convivencia perro-gato. Yo dije: “NO QUIERO GATO”.\r\n\r\nPara qué insistir.\r\n\r\nEl 3 de enero del año siguiente a que llegara Pipa, recibí un email de una amiga: Me decía que tenía en su casa del pueblo una gatita recogida de la calle, y que si sabíamos de alguien que quisiera quedársela. Resulta que tenía leucemia felina, y ella ya tenía un gato en casa al que se la podía contagiar, por lo que no podía quedársela. Para colmo de maldades el correo iba con fotos. Un consejo, si os mandan correos con lastimosas o enternecedoras fotos de animalitos, ¡¡¡no los abráis!! puede ser más peligroso que el spam, el phishing y el morphing juntos. Sé de lo que hablo.\r\n\r\nAsí pues, entrando en el juego de Roberto, el día 4 le di a reenviar. La respuesta fue:\r\n\r\n…\r\n\r\nA lo que yo respondí: “¿Ese … cómo debo interpretarlo?” Hasta la fecha sigue sin responderme. A partir de ahí no sé qué me pasó. Tal vez pensé que realmente la perra necesitaba compañía o quería que Roberto aprendiese, de una vez por todas, a no hacerme creer que algo le interesaba cuando no era así.\r\n\r\nEl día 5 de enero, mientras la cabalgata de Reyes recorría las calles de Madrid, la gata llegó a casa.\r\n\r\nGata

Fátima Gordillo
Soy una persona normal que usa la tecnología, escribe de tecnología, habla de tecnología y que a veces se recrea en el secreto sueño de tirar el móvil por la ventana y cuidar un rebaño de cabras en algún monte sin cobertura.

2 comentarios en “Cómo pasé de no querer perro a tener perro y gato

  1. Puede decirse que también tenemos gatos. Indeseados. Pero los tenemos. Vaya que si los tenemos.Vivimos junto a una de “esas vecinas” que alimenta a los gatos callejeros. Así que en nuestra urbanización hay una horda de felinos que se reproduce sin parar, cuyo único modo de conseguir alimento es el que le proporcionan, voluntaria o involuntariamente, los vecinos. Alimento que, una vez digerido, expulsan también en nuestras macetas, alcorques y demás espacios con tierra para escarbar. Mi olfato da fe de que no escarban lo suficiente.Vecina que, por cierto, se queja cuando los perros ladran a los gatos porque le molesta el ruido. Paradojas de la convivencia.También hay constatación empírica de esto, sea mediante berridos nocturnos o, directamente, camadas en lugares insospechados.

  2. la nota que publicaste me fue demasiado util, voy a aprovecharla y mandarsela a un amigo por fb que estaba buscando lo mismo, muchas gracias por compàrtir la data 😀

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