El cuaderno ludita

Los monstruos de la Edad Media no son nada comparado con el sobrecogimiento y pavor que produce a veces la tecnología.

¿A qué huelen las nubes?

Cuanto más lo pienso, más extraña me resulta la relación entre perros y gatos. Y una de las cosas que más me choca es el tema higiénico.\r\n\r\nMientras que la gata es, como todo miso, un bicho bastante limpio (salvo cuando se mea en el puff), la perra, por el contrario, disfruta con la guarrería.\r\n\r\nEntre las extraordinarias cosas de las que disfruta es de revolcarse en el césped del parque. Las primeras veces que la vi hacerlo pensé, ingenua de mí, que simplemente se divertía haciendo volteretas. Más tarde comprendí que para ella era algo parecido a ir de compras con una tarjeta de crédito ilimitado, en plan: “¡Qué olor tan rico! Me lo llevo… y este, y este, me los llevo todos, es más.. ¡¡¡me los llevo puestoooooosss!”.\r\n\r\nMás tarde comprobamos que ese afán de “comprador” compulsivo podía llegar mucho más lejos.\r\n\r\nUno de esos días que la sacaba a pasear por El Retiro a las 6 de la mañana divisé, en medio del camino, un obstáculo. Antes de que pudiese darme cuenta de que se trataba de un enorme mojón de boñigas de caballo, Pipa ya había saltado sobre él y estaba, literalmente, bañándose en caca de jamelgo. Llegar tarde a trabajar porque has tenido que bañar a tu perra de buena mañana, es una excusa difícil de hacer tragar.\r\n\r\nMás tarde, una soleada tarde de invierno, nos tumbamos sobre un pradito de El Retiro Roberto y yo, mientras Pipa correteaba de un lado a otro, más feliz que una perdiz. La vimos practicar su deporte favorito: revolcamiento sobre hierba. La perra, cada vez más feliz, se restregaba con más y más alegría, hasta que comenzó a llegarnos un tufillo a caquilla bastante sospechoso. Para cuando quisimos darnos cuenta de que la que traía y llevaba aquel aroma consigo era Pipa, ya estaba embadurnada hasta las orejas (por dentro).\r\n\r\nTodo el camino de regreso a casa la perra fue brincando de olorosa felicidad. No tenía ni idea de que, al llegar, tendría que bañarse. Es una de las cosas del mundo que menos le gustan.

Fátima Gordillo
Soy una persona normal que usa la tecnología, escribe de tecnología, habla de tecnología y que a veces se recrea en el secreto sueño de tirar el móvil por la ventana y cuidar un rebaño de cabras en algún monte sin cobertura.

Un comentario en “¿A qué huelen las nubes?

  1. En cuanto adquieres algo de “experiencia” sobre el comportamiento de tu mascota, lo del revolcamiento del can siempre lleva a preguntarte, alarmado, ¿sobre qué estará “perfumándose”?.\r\nY el abanico de respuestas no suele ser nada agradable. Y es que la valoración de lo que es perfume entre humanos y canes tiene una diferencia más que notable.\r\nPor cierto, el título muy irónico y acertado.

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