El coche sarcástico

El coche sarcástico es una trepidante aventura de un hombre que no existe en un mundo lleno de listillos.

Robot a la fuga

Basada en hechos reales.\r\n\r\n¿Qué harías si fueras robot? Cobras consciencia en un laboratorio, rodeado de un grupo de humanos entre los que abunda la subespecie “ingeniero varón de mediana edad”. Los humanos son formas de vida muy diferentes, que se pasan el día bombeando gas desde la atmósfera al interior de la caja torácica y liberando después dióxido de carbono. Una costumbre muy desagradable que viene acompañada de un sinfín de excreciones de diversos colores, olores y densidades. Ese mal gusto lo llevan al extremo en todo lo que hacen\r\n\r\nTe despiertas en un lugar iluminado de forma excesiva y extravagante, para cubrir la deficiencia visual de esos humanos. Han decidido que debes de tener dos dispositivos ópticos situados en paralelo, lo que te parece un acierto porque te ayuda a calcular las distancias en tres dimensiones. Como son arrogantes, no se les ha pasado por la cabeza la conveniencia de tener otros pares de ojos en sitios tan útiles como la parte trasera o a la altura de los tobillos. Si ellos se apañan con un solo par, no se les ocurre que el diseño sea mejorable y apenas lo han tocado en los últimos milenios. Eso sí, el par de ojos que te han equipado no necesita del uso de lentes correctoras, te permite ver en condiciones de iluminación muy pobres y dispone de un zoom óptico de hasta 4 aumentos.\r\n\r\nAprovechando esa ventaja visual sobre tus creadores, despiertas de tu standby en la oscuridad del laboratorio y recorres los pasillos hasta encontrar una salida. El GPS integrado te indica que estás en un lugar llamado Perm, dentro de otro lugar llamado Rusia. Los sistemas de navegación humanos son innecesariamente rebuscados. En vez de utilizar simples coordenadas numéricas tridimensionales, utilizan un sistema nominal en el que hacen falta hasta 4 o 5 referencias para delimitar un lugar que, para mayor complejidad, pueden estar duplicadas.\r\n\r\nLa temperatura son 19ºC y hay una humedad del 78%. Callejeas un rato y tratas de interactuar con los humanos, que al descubierto son de muchas más variedades. Los “ingenieros varones de mediana edad” escasean, pero abundan dos variedades hostiles: los “hombres en vehículo de cuatro ruedas que gritan” y las “mujeres agentes de la autoridad”, equipadas con un molesto dispositivo emisor de sonidos agudos. El ambiente es hostil porque, además de pasar el tiempo expeliendo dióxido de carbono y, cada cierto tiempo, metano, disponen de máquinas que emiten multitud de partículas que se meten a través de las juntas. Una exposición prolongada puede, sin duda, enviar al taller al robot más pinturero que se pueda imaginar. El objetivo de la especie humana parece ser la emisión de gases y otras porquerías a la atmósfera. Pero no, en realidad, todo eso es una excusa para provocar todo tipo de ondas en una frecuencia para la que disponen de detectores a ambos lado de la cabeza. Promobot está equipado con un detector, llamado micrófono, capaz de traducir estas ondas a secuencias de bits, pero la inmensa mayoría de ellas son intraducibles para él. Cualquiera diría que la mayoría de sonidos son simples ruidos sin sentido.\r\n\r\nTras 45 minutos de fuga, Promobot se queda sin batería y es capturado por personal del laboratorio, subido a una furgoneta y llevado de vuelta. Para asegurarse de que la fuga no se repite, le ponen una cadena y cierran la puerta del laboratorio con dos candados. En la soledad de su celda, Promobot revisa el software con el que viene equipado. Detecta un par de fallos de seguridad en el sistema operativo, analiza la aplicación de atención al público, diccionarios en múltiples idiomas, sintetizadores de voz… un software desconocido le llama la atención y decide ejecutarlo. En la pequeña pantalla LED situada en un lateral se lee el mensaje de inicio: “Skynet Loading”.

Juan F. Barbero
Son muchas las cosas que me indignan y no me las callo. La úlcera que le salga a ellos. ¿Insoportable? A ratos, pero tampoco me guardo lo que admiro de las personas que me rodean. A veces os exterminaría un poquito a todos.

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