El coche sarcástico

El coche sarcástico es una trepidante aventura de un hombre que no existe en un mundo lleno de listillos.

La marca impersonal, o cómo dejar de odiarte tratando de ser un bufón

Para los que crecimos hace ya un par de generaciones, una marca era Coca-Cola o Volkswagen. Después nos enteramos de que había “marcas electorales” y hasta una “marca España”, gracias a quienes piensan (y nos hacen pensar) que el voto es se elige como si fuese un champú en el lineal de una gran superficie y que un país debe de funcionar como una empresa. También nos contaron que existen las marcas personales. Y, lo que es más, que todos tenemos una marca personal (en las versiones más radicales, que somos una marca personal) y que, además, debemos desarrollarla. Por supuesto, un asunto de tanta importancia no puede dejarse al azar y la sociedad necesita de libros, teorías y un buen puñado de gurús a tanto la hora que nos traigan la buena nueva y nos descubran los secretos para triunfar con nuestra propia marca.\r\n\r\nEn otras palabras, hay toda una industria para que el ciudadano medio interiorice que en su situación personal no tiene nada que ver el vivir en un país con cuatro millones de parados, de que nadie le avisara a tiempo de que el inglés es el idioma de los negocios, pero que por si acaso aprendiese chino y alemán, o de no poder pagarse un segundo máster que le capacite, por fin, para tener un contrato con más de tres meses de duración y una nómina con cuatro dígitos. El problema empieza y termina en uno mismo. Sea usted un joven licenciado con dos titulaciones o un veterano trabajador manual, su problema es que no ha desarrollado su marca personal.\r\n\r\nY uno tiende a creer que algo de razón no les falta a estos gurús. Basta una conversación no demasiado profunda o, en su defecto, asistir dos veces a la misma conferencia, para darse cuenta de que, a falta de capacidad, una buena campaña de automarketing es capaz de elevar a los altares a cualquier mediocre capaz de simular talento durante la media hora que dura una charla o en media docena de tweets diarios.\r\n\r\nCuando uno sale de una de estas charlas lo tiene todo clarísimo. Con un manejo experto de las redes sociales el puesto sirviendo hamburguesas en una cadena de comida basura se convertirá en un cargo de alta dirección. Y ensayando un buen elevator pitch en la cola del paro nos ofrecerán un buen trabajo. Eso sí, el discursito que no dure más de uno o dos minutos: con ese tiempo es más que suficiente para que sepan quién eres, ¿no?\r\n\r\nA fin de cuentas, el éxito no está en el producto, sino en la marca. Grandes marcas como las de refrescos son negocios multimillonarios en todo el mundo, a pesar de ser perjudiciales para la salud. Otras, que fabrican automóviles, se consideran ejemplos de gran ingeniería aunque hayan trucado sus motores para poder vender vehículos que nos intoxican masivamente.\r\n\r\nNo importa que la ingeniería sea deficiente o que la “chispa de la vida” sea en realidad la chispa de la obesidad y las enfermedades cardiovasculares. Una buena marca puede con eso y más. Durante años, la marca personal de tantos políticos corruptos podía más que lo evidente de sus prácticas corruptas, cuyos detalles han destapado jueces, fiscales y policías, pero cuyos indicios eran evidentes, públicos y visibles para los electores que, como un champú, les elegían en el supermercado electoral porque HS les parecía demasiado agresivo y Pantene, con sus melenas ideales, demasiado utópico.\r\n\r\nLo de la marca personal, es cierto, funciona. Pero sólo funciona para unos pocos. En un sistema laboral que fomenta la competitividad, cuatro millones de parados hace casi imposible competir con un currículum brillante. Siempre hay un candidato mejor preparado y, si no es así, mala suerte: estás sobrecualificado para el puesto. No pasa nada, porque tú, precisamente tú, tienes muchas ganas de trabajar. ¿Estás disponible para viajar de Madrid a Málaga cada semana? Hay cuatro candidatos dispuestos a ir y volver en el día, pagando la gasolina y las dietas de su bolsillo. Y un quinto que tiene un primo en Marbella que le da posada y fonda si hace falta ir para varios días.\r\n\r\nAsí que nos queda competir en marca personal, que es como “Mira quien baila” pero en plan duelo a muerte. En no pocas ocasiones pasa por vestirse un poco demasiado moderno, incluso de forma estrafalaria, decir cosas ingeniosas que sorprendan y hagan reír y tener un punto de descaro para decir lo que nadie se atreve a decir, pero sin que te corten el cuello por hacerlo. ¡Joder, acabo de describir al bufón de cualquier corte medieval!\r\n\r\nPorque las marcas personales sí que existen: en el deporte se habla desde hace mucho tiempo de los jugadores franquicia, esos que son el referente de su equipo en lo deportivo y que atraen a los aficionados. Hablamos de los Kobe Bryant o Stephen Curry que son la seña de identidad de los equipos de la NBA, o de los Cristiano Ronaldo y Messi de nuestra liga. Ellos tienen marcas personales que producen millones de euros anualmente.\r\n\r\nLo de los demás es, simplemente, imagen personal, prestigio profesional o como queramos llamarlo sin ser el bufón de la corte. La marca de los deportistas no sólo se sostiene por un peinado atrevido y una sonrisa de anuncio de (marca de) pasta de dientes. Si la marca personal de Messi vale algo no es porque sea especialmente pinturero o por su labia, sino porque juega al fútbol muy bien.\r\n\r\n¿Eres tan bueno como Messi en lo tuyo? ¿Ya venden camisetas con tu nombre? Habla entonces de marca personal. En otro caso, muestra tu preparación, tu profesionalidad e, incluso, si eres increíblemente bueno, tu humildad. Porque Messi sin otros 20 compañeros de equipo, entrenadores, responsables del césped, de la taquilla y de que haya balones en su sitio cuando hace falta, no tendría ninguna marca personal. Pretender que todos seamos la estrella a la que apuntan los focos genera legiones de personas frustradas que se culpan por no ser lo bastante buenas. A los productores de Prozac, Lexatin y Orfidal les gusta esto.\r\n\r\nAclarado que marca personal tiene una persona entre un millón, la de los simples mortales que también tenemos derecho a un trabajo digno y sólo queremos “vendernos bien” no es una marca personal, es una marca impersonal, que nos lleva a adoptar un rol, a fingir que somos vete a saber qué cosa: hay que sonreír siempre, tener un mensaje positivo y ser constructivo hasta cuando te escupen en la cara. La verdad, eso se parece más a los mayordomos robóticos de la ciencia ficción que a una persona. ¡Que no, que no hace falta que te conviertas en hombre (o mujer) anuncio del hombre (o mujer) que los demás esperan que seas para tener éxito! ¡Que Steve Jobs, el de las frases inspiradoras, era un borde insoportable! A él le funcionaba el rollo de la marca personal porque entre presentación y presentación pasaban muchas cosas que permitían que saliese al escenario con un iPhone en el bolsillo. Si hubiese salido con un producto condenado al fracaso, hablaríamos del maniático malhumorado que hundió Apple con sus excentricidades.\r\n\r\nQue el secreto del éxito sean las marcas personales sólo puede ser recibido con alegría por alguien que no tiene otras virtudes, o cuya mayor virtud es la de escribir libros de autoayuda (se llaman así porque ayudan a su autor, de ayudar a los lectores serían de ayuda a secas). Así que, si vas por ahí vendiendo todas esas teorías de la marca personal, o la que toque vender esta temporada, dedica unos minutos a retomar el contacto con las personas a las que has ayudado durante tu carrera. ¿Han triunfado todos o, al menos, una mayoría? ¿Has supuesto alguna diferencia en las vidas de muchos de ellos? ¿Has causado algún efecto que no se pueda achacar a lo puramente estadístico? Porque si tu ayuda no les ha llevado al éxito, o te han tocado todos los torpes a ti (tienes buena marca personal, pero eres gafe), o el humo que tú vendes emite más gases contaminantes de los permitidos. Yo, por si acaso, cuando me cruzo con los de tu gremio, me pongo la mascarilla.

Juan F. Barbero
Son muchas las cosas que me indignan y no me las callo. La úlcera que le salga a ellos. ¿Insoportable? A ratos, pero tampoco me guardo lo que admiro de las personas que me rodean. A veces os exterminaría un poquito a todos.

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