El cuaderno ludita

Los monstruos de la Edad Media no son nada comparado con el sobrecogimiento y pavor que produce a veces la tecnología.

Monthly archives: julio 2016

Ahora había cinco animales en casa. Hacía apenas dos años que la claridad de propósito inundaba mi vida: no entraría en casa nada que tuviera más pelo que una lombriz. Ahora escribía reportajes sobre cómo eliminar los pelos de la ropa, hacía comparativas de areneros y me detenía en los juguetes para mascotas cuando iba al supermercado. Y por si fuera poco, si alguna vez encartaba quedar a tomar algo con los compañeros de trabajo, yo me despedía la primera porque tenía que ir a pasear a Pipa.\r\n\r\nPero llegados a este punto he caído en la cuenta de que he dedicado mucho tiempo a hablar de cómo llegaron y qué hicieron, pero no he hecho las debidas presentaciones. Allá va.\r\n\r\nPIPA\r\n\r\nPipa-sillon\r\n\r\nEs un caramelo. La perrita más buena del mundo mundial. Fue capaz de aguantar estoicamente las diabluras de la gata y soportar con resignación la indiferencia de los gatos. A pesar de doblarle el tamaño y tener una mandíbula mucho más poderosa, se intimida cuando Trece decide no dejarla pasar por la puerta, y es capaz de darle la vuelta a la casa antes de hacerle frente. Jamás ha sido agresiva con ninguno de los gatos, y cuando algún perro la molesta más de la cuenta en el parque suelta un ladrido de mentira y gruñe como si supiera hacerlo; luego sigue a lo suyo, jugando y corriendo.\r\n\r\nLe encanta que le tiren la pelota, pero jamás ha aprendido a traerla de vuelta. Sabe saludar con la pata derecha, darte la izquierda si se lo pides, saltar, sentarse y esperar, pero ha tardado casi cinco años en ocurrírsele que puede empujar una puerta entreabierta para pasar. Le gustan las patatas fritas y la sandía. Es capar de dejarte cenar sin hacer otra cosa que mirarte, aunque tengas la comida a su altura y le dan miedo los cohetes desde que era un bebé y la llevamos a Capileira (en la Alpujarra) en plenas fiestas: se hizo pupú encima del susto cuando lanzaron el primer pepinazo.\r\n\r\nSólo ladra cuando llaman a la puerta o al portero. Por la noche, cuando estamos durmiendo, a veces me despierta dando vueltas alrededor de nuestra cama, comprobando que estamos dormidos para subir de un salto y ponerse a los pies y, claro, nos damos cuenta en el momento de estirarnos.\r\n\r\nUna vez, jugando en el parque con Roberto, se hizo una herida seria en la pata. Posiblemente un cristal o una lata le seccionó un par de arterias y los tendones. Casi se desangra allí mismo. La llevamos corriendo a urgencias. La operaron para recomponerle los cortes lo mejor posible y pasamos varios meses haciéndole curas en casa dos veces al día porque una parte de la herida se estaba gangrenando. Perdió una almohadilla, esa residual que cuelga detrás de la pata delantera, y el tendón de uno de los dedos quedó suelto para siempre. Tardó más de seis meses en recuperar la movilidad de la pata y asegurarnos de que no quedaba coja. Ahora sólo renquea de vez en cuando al pasar mucho tiempo caminando, pero nunca se queja, ni siquiera se quejaba cuando teníamos que echarle betadine diluido y pomada cicatrizante en la herida abierta, por la mañana y por la noche, durante más de un mes.\r\n\r\nComo todos los perros, detesta ir al veterinario, el calor y, en sintonía con la mayoría de los canes, odia la hora del baño, pero tampoco protesta entonces. Simplemente va, asustada, y se deja hacer. Pero luego es la primera en salir de allí disparada lo más lejos posible. Del veterinario y del baño. Tampoco le gusta salir a la calle cuando llueve, pero como ya sabe que no regresamos a casa hasta que no haga sus cosas, es cuando más rápido lo hace.\r\n\r\nViajamos con ella, vamos a la montaña con ella, a la playa, a visitar a la familia, y siempre, siempre, se porta bien. ¿Cómo no la vamos a querer?\r\n\r\nEME\r\n\r\nEme-culo\r\n\r\nCuando Roberto fue a recogerla de la casa donde nació me mandó una foto que ilustra a la perfección quién es Eme. Todos sus hermanos se habían girado para ver al recién llegado… menos ella. Eme va a lo suyo. Es la reina de la casa y lo sabe. Tiene el dudoso don de saltar sobre ti y mullir tu pecho con las uñas para acomodarse y dormir, justo en el instante en que estás pensando en levantarte. También le encanta ponerse sobre mi mano justo cuando estoy trabajando.\r\n\r\nA pesar de que nos consta que esa gata nunca ha pasado hambre, siempre espera en la puerta nuestro regreso del parque con Pipa, porque es la hora de comer. Entonces maúlla desesperada, protesta, te acosa, salta sobre la encimera de la cocina y trata de arrebatarte el tenedor con el que estás poniendo algo de comida húmeda sobre su pienso. Se vuelve completamente loca, de forma casi obscena, al oler la valeriana y la hierba gatera (nepeta cataria).\r\n\r\nEs la principal acosadora de Loli. La espera detrás de las puertas, encima de los armarios y agazapada en las esquinas, y le salta encima a la menor oportunidad. No le gusta que la cojan y la abracen, pero lo soporta sin protestar demasiado, en especial cuando queremos devolverle los afectos que nos prodiga a las 3 de la mañana. En invierno salta de improviso sobre la cama (con nosotros dentro) y maúlla para que le abramos el edredón y se acomode dentro. A veces se pasea sobre nosotros sin ningún miramiento en plena noche sólo para olfatearte y ver que todo está en orden.\r\n\r\nNunca acude cuando se la llama, no siente interés por los premios o el jamón york, esparce toda la arena fuera cuando intenta tapar sus necesidades y de vez en cuando, jugando, le cruza la cara a Mac y le deja una gañafada marcada en la nariz. Nunca se ha dejado cortar las uñas y es capaz de no despegarse de ti, ni de día ni de noche, cuando estás enfermo. Incluso aunque alguien trate de alejarla, volverá enseguida luchando contra los elementos para hacerse un hueco en el regazo del sufrido paciente. ¿Cómo no la vamos a querer?\r\n\r\nTRECE\r\n\r\nTrece-caja\r\n\r\nPara ser un macho tan grande es un mimoso de cuidado. Por las noches tenemos que dormir con las manos debajo del edredón, la sábana, la almohada, el cuerpo o lo que sea, porque si ve una mano libre, golpeará su cabeza contra ella hasta que asumas que tienes que acariciarlo durante muuuuuucho rato. El principal problema de esto, aparte de que nos despierta, es que le da tanto gusto que empieza a hacer pompas de saliva y a babear. No es metafórico, es literal. Babea tanto que parece un grifo. Te gotea encima y, cuando se sacude, riega de babas cualquier cosa en un radio de 2 metros. Algo especialmente molesto a la hora de comer.\r\n\r\nLe encanta estar sobre tu regazo cuando desayunas, y acurrucar la cabeza en el hueco que forma el brazo pegado al cuerpo. Entonces notas que empieza a babear porque hay chorros de algo cayendo por tu mano y tu pierna.\r\n\r\nSuele resfriarse a menudo. Cuando lo hace empieza a estornudar y estornudar, y unos mocos largos y verdes le salen de la nariz y se le quedan pegados por toda la cara y la cabeza. Entonces empieza a relamerse, y antes de morirnos del asco salimos corriendo detrás de él con un pañuelo de papel para limpiarle.\r\n\r\nAl tener el pelo tan largo, también dentro de las orejas, se le infectan a veces, y periódicamente hay que limpiárselas por dentro. Todo un espectáculo que aguanta a disgusto, pero con docilidad. Caja de cartón que llega a la casa, caja de cartón que adopta como dormidero. Gracias a él los areneros están súper limpios, porque en cuanto no están a su gusto va a buscar el recogedor o las zapatillas de Roberto y los mea.\r\n\r\nAdora que le cepillen y, claro, le gusta tanto que babea mucho. Disfruta poniéndose en los lugares de paso de Pipa y tumbarse frente al televisor, junto delante del receptor de infrarrojos, y no podemos usar el mando. Todas las semanas limpio las gotas de babas que deja pegadas a la pantalla del televisor cada vez que se sacude.\r\n\r\nTiene dos areneros especiales para él. Son abiertos porque es tan grande y peludo, que cuando entra en los areneros cerrados a hacer pupú se enmierda entero. Además, no sabe tapar sus cacas. En lugar de echarles arena se dedica a arañar las paredes del arenero como si la arena cayera de ahí. Es adicto a lamer plástico, morder bolsas y a comer jamón york y atún. Viene siempre que lo llamas por su nombre, y cuando oye que le vas a dar premio a Pipa viene corriendo y se sienta para recibir también lo suyo. ¿Cómo no lo vamos a querer?\r\n\r\nMACARIO\r\n\r\nMacario\r\n\r\nEs, aparte de Pipa, lo más tierno de la casa. A pesar de que fue recogido de la calle, nunca tiene prisa para llegar a comer. Trece y Eme llegan pitando a la llamada de la comida, incluso han aprendido a ponerse cada uno delante de su cuenco, pero él no tiene prisa. Prefiere quedarse en la terraza al sol o tumbado en tu cama.\r\n\r\nCuando estamos en el dormitorio viene a subirse a la cama de un salto y se pone a maullar para que le tapes con algún pañuelo, camiseta, vestido o lo que sea. Le encanta estar dentro de las sábanas, debajo del edredón y que le acaricies la barbilla. Igual que el otro macho de la casa es un verdadero sobón, pero sin babas.\r\n\r\nTiene un carácter tan apacible que es el único al que Loli tolera cerca. A veces incluso nos ha parecido que hacían algo así como jugar. Macario, Mac, viene cuando lo llamas, acepta de buen grado los masajes y los cepillados de pelo y se deja cortar las uñas, igual que Trece. Cuando llega a dormir contigo le gusta dormir bien tapado por el edredón y ponerse como un novio, con la cabeza apoyada en tu brazo haciendo la cucharita.\r\n\r\nEs el más asustón de todos, especialmente cuando llega gente extraña. Es el único que se esconde cuando viene visita, los demás salen a saludar y, si me apuras, se establecen en sus rodillas sin sonrojo. Uno de sus sitios favoritos en verano para dormir es dentro del lavabo. A veces aparece con una raja que le cruza la nariz, fruto de sus juegos con Eme. Es tremendamente dócil, y le encanta jugar con Trece y viceversa. ¿Cómo no lo vamos a querer?\r\n\r\nLOLI\r\n\r\nLoli-cubo\r\n\r\n \r\n\r\nA pesar de su carácter asocial, más bien sociópata a veces, Loli tiene sus cosas que la hacen especial (o especialita). Como sufre bulling por el resto de la pandilla, en parte por su carácter huraño y en parte por su carácter huraño, ha encontrado acomodo en el cuarto de baño, en una de las baldas del mueble. Con el tiempo ha hecho del baño su vivienda, y allí tiene un cojín, un cuenco con agua y otro con comida. Básicamente porque cada vez que sale a comer Eme o Trece la persiguen o la esperan.\r\n\r\nPor la mañana, cuando todo el mundo ha terminado de asearse y de comer, agarramos a Loli y la encerramos en el lavadero. Tapamos la entrada para que no pase ningún otro gato y pueda hacer sus necesidades tranquila. Cuando termina y abrimos la puerta sale disparada como alma que lleva el diablo, pendiente de las emboscadas.\r\n\r\nEn cierta ocasión vimos que lagrimeaba mucho de un ojo y que apenas lo podía abrir. Fuimos al veterinario con ella, avisando de que necesitaríamos refuerzos porque esta gata era una salvaje. Y lo es, pero en aquella ocasión debía estar tan asustada y lo estaba pasando tan mal que se dejó hacer sin problema. Se acurrucó sobre la mesa del veterinario y apenas se movió mientras veían que tenía colgando un trozo del párpado interior, seguramente de una gañafada de Eme. Hubo que agarrarle el trozo de párpado con unas pinzas y cortarlo con unas tijeras. Ni se inmutó. Durante los dos días siguientes la metimos a dormir en nuestro cuarto para que los otros la dejaran tranquila, y ella se metió dentro del edredón, acurrucada entre Roberto y yo, dejándose acariciar y mimar.\r\n\r\nCuando Roberto se dio cuenta de que Loli estaba ahí que quedó quieto como una estaca toda la noche, pensando que si se movía y molestaba a la fiera esta lo dejaría como si hubiera salido de un zarzal. La cuestión es que Loli es asocial, pero no arisca. En fin, sólo fueron dos días, pero de vez en cuando (muy de vez en cuando) Santa Rita hace un milagro y Loli nos regala algún mimo o atención. Sólo unos segundos, pero ahí está, su forma de dar las gracias y decir que, a su manera, nos quiere.\r\n\r\nCreo que soy la única persona a la que deja cepillar, coger, acariciar, abrazar y hasta besar. Lo que pasa es que su timing es breve, y cuando siente que ya te estás pasando de efusivo empieza a menear la cola y a golpearla con fuerza contra todo. Es el aviso de que estás traspasando la línea. De seguir con los cariños, lo más probable es que Loli empiece a emitir sonidos graves de protesta, a enseñar los dientes y, en última instancia, a hacer ademanes de arañar. Si continúas agarrará tu mano con las dos zarpas desplegadas y empezará a morderla sin que puedas hacer nada para soltarte salvo perder la mano. Lo correcto es abandonar toda muestra de afecto en cuando empieza a tocar la batería con la cola. Si haces eso, todo irá bien.\r\n\r\nA Loli le encanta que la cepillen (pero poco rato), que le abras un poquito el grifo para beber agua, dormir encima de cosas negras, esconderse en las cajas y armarios y, en general, estar lejos del ruido, el follón y los acosadores. Lo que no quita que a veces ponga sus ovarios sobre la mesa y se vaya a comer del plato de Eme justo cuando esta va a llegar a zampar. Eso descoloca tanto a Eme que pasa un día hasta que se da cuenta de que tiene que vengarse. Como decía antes, Loli tolera bien a Macario, aunque sin pasarse. Una de las cosas que no le gustan a Loli es que Mac se acomode en sus posesiones: el cuarto de baño. Por todo eso, ¿cómo no la vamos a querer?

Castrado, vacunado y resfriado. Cuando Trece llegó a casa venía con sus complementos de serie. Que a aquel gatazo de 7 kilos lo hubieran castrado en la perrera, y que fuese tan sobón con los humanos, nos hacía pensar que se había extraviado en alguna aventura amorosa. Debía ser un auténtico latin lover y se perdió persiguiendo faldas.\r\n\r\nPero el detalle importante aquí es que venía resfriado y Eme, todavía muy pequeña, estaba aún sin vacunar. En la perrera nos recomendaron dejar pasar un tiempo antes de juntar a ambos gatos, así que dividimos la casa en dos zonas francas y jugamos al juego de las puertas como en “Los otros”, para mantener a ambos gatos separados hasta que Eme tuviera defensas.\r\n\r\nDurante el tiempo que los gatos ignoraban su mutua presencia en la casa, Eme y Pipa empezaron a desarrollar cierto vínculo. Como con la difunta Gata, Eme se acercaba a Pipa para jugar, dormir y sentirse protegida. Sin embargo, cuando Pipa se acercaba a Trece… bueno, hay una escena en “El padrino” donde el don habla del respeto. Trece exigía respeto a su persona, y se lo hacía notar a Pipa.\r\n\r\nAparte de eso parecía que las cosas entre Eme y Pipa iban por buen camino. Iban.\r\n\r\nEl tiempo de cuarentena pasó. En casa estábamos expectantes para ver cómo reaccionaban Trece y Eme al conocerse. No negaré que nos preocupaba que el gatazo no se tomara a bien compartir territorio con un bebé. Cuando abrimos la puerta y Trece y Eme se vieron, tardaron menos de 30 segundos en aproximarse, olerse y ponerse a jugar. Ahí acabó la incipiente relación entre Pipa y Eme. Eme y Trece, Trece y Eme, formaron una pareja de gatos entregados al juego y las siestas. Pipa intentaba aproximarse a Eme, pero Eme sólo tenía ojos para Trece. Así que mientras los gatos jugaban e ignoraban a Pipa, Pipa se sentaba a mirar, suspirando aburrida ante las continuas diversiones de la parejilla.\r\n\r\nDe vez en cuando Trece gustaba de tumbarse a todo lo largo, cerca del umbral de alguna puerta. Si Pipa intentaba pasar por delante de Trece el gato le soltaba, desde su cómoda posición, un zarpazo en los hocicos o en el culo. A veces teníamos que ir a rescatar a Pipa, atrapada en algún dormitorio por la frontera extendida del cuerpo de Trece, que le decía sin hablar: “You Shall not pass”, y Pipa, resignada, no pasaba.\r\n\r\nAsí pasamos un año. Al invierno siguiente mi hermana se había instalado temporalmente en casa mientras solventaba algunas cuestiones personales. En ese momento no lo sospechábamos, pero aquello supondría un crecimiento importante e inesperado de nuestra familia animal.\r\n\r\nUn fin de semana que yo estaba de viaje recibí una llamada de Roberto, diciéndome que mi hermana había oído maullidos debajo de un coche al lado de casa. Me contaba que se agacharon y vieron a un minino bebé escondido, aterrorizado, hambriento y helado. Me dijo que, junto con una gente de una asociación de protección de gatos, habían intentado ayudarles a sacarlo para que se lo llevaran a un hogar. También que, finalmente, con ayuda de algunas latas de comida y un transportín, los de la asociación lo sacaron de debajo del coche y lo atraparon.\r\n\r\n-Pero se lo han llevado los de la asociación, ¿no?\r\n\r\n-No exactamente, lo tenemos nosotros aquí… de momento.\r\n\r\n-¿Hasta cuándo es de momento?\r\n\r\n-Bueno, hasta que le encuentren un sitio para quedarse, porque el sitio que tiene la asociación está lleno ahora.\r\n\r\n-(Suspiro) Vale, pero no le pongáis nombre porque se lo tendrán que llevar.\r\n\r\n-Estooooooo… se llama Mac.\r\n\r\n¿Sabéis ese momento en que os dais cuenta de que cuando te enteras de algo ya es muy tarde para remediarlo?\r\n\r\nMac había entrado en casa. Soltó todas sus pulgas en el despacho donde teníamos el Macintosh (por eso se le pusieron Mac al bicho), alejado del resto de gatos mientras se comprobaba si tenía leucemia o alguna otra cosa contagiosa y potencialmente peligrosa para los demás.\r\n\r\nCuando llegué dos días después, un gatito blanco y negro estaba cómodamente instalado en el cuarto DEL Mac confirmando que, efectivamente, aquel era ya el cuarto DE Mac. Luego pasó a instalarse en el resto de la casa.\r\n\r\nmac-2\r\n\r\nUnos cuantos paseos al veterinario después confirmamos que Mac no tenía ninguna enfermedad mortal ni contagiosa y pudo encontrarse con el resto de la fauna. Pasó lo esperable: congenió estupendamente con Eme y Trece e ignoró sistemáticamente a Pipa. Para desgracia de Pipa el único que no la ignoraba era Trece, que seguía dándole guantazos sin venir a cuento cada vez que tenía ocasión.\r\n\r\nTranscurrió un tiempo, poco, hasta que un nuevo elemento vino a alterar el status quo de la casa. Mi hermana volvía a Málaga, pero tenía que desmantelar su casa mientras solventaba unas cuestiones de trabajo, así que nos ofrecimos a hacernos cargo de su gata Loli mientras tanto. Total.\r\n\r\nLa única cuestión aquí es que Loli era un tanto “especial”.\r\n\r\nloli-1\r\n\r\nSeguimos todos los protocolos de entrada de un gato nuevo en casa… un tiempo de adaptación a la nueva casa sola, otro tiempo para que todos huelan su presencia sin llegar a verse, otro tiempo de verse sin tocarse (a través de un cristal) y, finalmente, un momento para encontrarse y ver qué pasa. ¿Y qué pasó?\r\n\r\nLoli era la gata más asocial del mundo, así que para resumir la situación, los gatos intentaron aproximarse para unirla cortésmente al grupo, pero Loli les hizo una peineta a todos. Cada vez que alguno se aproximaba a menos de tres metros de ella, Loli bufaba, enseñaba los dientes y sacaba las uñas. Si las distancias se acortaban entonces era muy probable que llegaran a las manos (a las zarpas más bien). Por eso se pasaba la vida buscando los lugares más elevados de la casa, lo más lejos posible de todos.\r\n\r\nloli-2\r\n\r\nEn lo que coincidía con los demás era, cómo no, en ignorar a Pipa, que se pasaba el día en el sofá resoplando viendo Telegato.